viernes, 27 de abril de 2012


QUE FUE DE NUESTROS SUEÑOS

¿Que fue de todo aquello que soñamos que seriamos, de aquellas ilusiones, de aquellos proyectos…de aquellas ganas de cambiar el mundo, de aquella rebeldía?
¿Que fue de aquellos poemas que escribimos hace tiempo? ¿Donde están?
¿Que hicimos con  todas nuestras ideas, con ese convencimiento de que seriamos diferentes, de que lo haríamos mejor que lo hicieron  con nosotros?
¿Qué pasó con todos esos conceptos revolucionarios acerca de la educación, las relaciones, la amistad, de esa solidaridad de la que tanto hablábamos, con la igualdad? ¿Adonde fueron?
¿Dónde dejamos ese amor libre, esas  las flores en el pelo,  aquello de “tu hijo no es tu hijo sino hijo del mundo”  y no es de tu propiedad?
¿Cuándo olvidamos   esa libertad que tanto defendíamos, de la que tanto hablábamos con la que tanto nos identificábamos y por la que estábamos dispuestos a luchar?
¿Que ha sido de esa generación nuestra, de nuestros sueños,  de nuestras ilusiones? ¿Que hicimos con ellos?
Si estaban ¿Por qué ya no están?
¿Siguen todavía dentro de nosotros o se fueron quedando uno a uno en la comodidad, en el miedo,  o en la renuncia? ¿Nos vendieron que eran utópicos? ¿Se quedaron con las hipotecas, las compras a plazos, el squash, el colegio de los niños o  el chaletito en la playa?
¿Hicimos todo lo que pudimos para que fueran reales?
¿Nos esforzamos lo suficiente para que se cumplieran?
¿Cuándo se nos instalo en miedo en nuestro cuerpo y dejamos de luchar?
¿Porque la voz que no acalló la dictadura la ahogó la economía?
¿Qué ha pasado?
¿Qué queda en estos políticos de hoy de los jóvenes revolucionarios de ayer? Al fin y al cabo parte de ellos pertenecen a aquella  generación, también ellos quisieron cambiar el mundo, quisieron que fuera mejor, más justo, ellos también quisieron romper con esas  tradiciones que no nos servían, paradójicamente hemos creado otras mucho peores.
Mirando el mundo y echando la vista atrás me  parece mentira que éstos de hoy seamos aquellos contestatarios de ayer, realmente si algo ha cambiado ha sido a peor. Miremos a nuestro alrededor.Hoy el mundo gira en torno al dinero y no al bienestar de las personas, hoy es mucho más materialista que ayer. El ser humano importa cada vez  menos, somos sólo  cifras, meras cifras de consumo o de paro, nos hemos convertido en mera estadística. Hoy aquella igualdad, aquella libertad que tanto anhelábamos se ha sacrificado a favor del dinero, y lo que es peor parece que no nos importa. Estamos atados a las férreas cadenas del capitalismo.
Merece la pena reflexionar si todas aquellas ideas estaban arraigadas de verdad en nosotros, si creíamos en ellas con el corazón o simplemente fueron una moda, una euforia de juventud, si protestábamos  solo por protestar.
Merece la pena que las próximas generaciones también reflexionen y se den cuenta de que a pesar de nuestras ideas, de alguna manera nos han vencido, nos venció el dinero.
A los  que ahora están queriendo cambiar el mundo, a los que empujan, a  los que no se conforman hoy  como hicimos nosotros ayer, a todos ellos les sugiero, que se  paren de vez en cuando a lo largo de su vida a recordar, a volverse adolescentes, contestatarios, a sentir  de nuevo el inconformismo y protesten una y mil veces por todo aquello que no les gusta.  Porque si al  igual que nosotros, se dejan arrastrar y van poco a poco encerrando sus sueños en el cajón de la comodidad, es posible que se sientan   dentro de unos  años tan horrorizados como nosotros al ver el mundo que hemos dejado a nuestros  hijos.

sábado, 17 de marzo de 2012

A mí de pequeña me dijeron que...



A mí de pequeña me dijeron que:

-El bien siempre triunfa sobre  el mal “sé buena niña”, pero es mentira.
-Que el amor es para siempre, pero también es mentira.
-Que hay un dios justo y amoroso que nos cuida y protege, sólo que es mentira.
-Que el sexo es pecado, que es feo y sucio, pero es mentira.

Me dijeron que:

-Que hay que vivir para los demás y no ser egoísta, que ser egoísta y pensar primero en mí está muy mal, y también es mentira.
-Que tengo que sacrificar el hoy para recoger mañana, que sólo con el esfuerzo del hoy sería feliz mañana, y es mentira.
-Que es malo tratar con desconocidos y mucho más si son de otras razas o culturas, y es mentira.
-Que los hombres son todos iguales, pero es mentira.

A mí de pequeña  no me dijeron que:

-Yo tenía que buscar mi propia felicidad, que la única que podría hacerlo era yo.
-Que la justicia no existe y que no somos todos iguales.
-El amor hacia mí misma era más importante que el amor hacia los demás.
-Que antes que el respeto a las normas está el respeto a mí misma y si las normas no me respetan como individuo, si pasan por encima de mí dignidad no debo respetarlas.

No me dijeron:

-Que no hay nada seguro, que unas veces sería feliz y otras no, porque la vida es como la tierra: hay valles y cumbres.
-Que habría gente que me haría daño y seguramente yo también haría daño a alguien.
-Me dijeron mentiras y no me dijeron la verdad. No me dijeron de qué va la vida, tal vez por no hacerme daño, o porque muchas cosas ni ellos mismos las sabían, pero me hubiera gustado mucho que lo hicieran, me hubiera gustado crecer con la verdad, mirar con los ojos abiertos y ver.

Me enseñaron:

-A sumar y a restar, a obedecer y a callar, pero no me enseñaron a pensar.
-Me enseñaron que cuando los mayores hablan los niños se callan, a tener miedo y ser sumisa. Me enseñaron todas las cosas que eran feas en mí y debía mejorar, pero no me enseñaron a buscar lo bueno y potenciarlo.
-Me enseñaron los “debería” y no los "me gustaría”.

A mi de pequeña no me enseñaron:

-A pensar por mí misma ni a tener mi propia voz, y que esa voz tenía derecho a ser escuchada.
-A saber decir no.
-A reclamar mis derechos.
-A exigir un salario justo.
-No me enseñaron a ser valiente.

 Así que tuve que aprender:

-Que la maldad muchas veces se queda impune, que los hombres matan, humillan y maltratan en el nombre de la justicia y muchas veces en el de dios.
-Que el amor no dura para siempre pero que eso no le resta hermosura, que tal vez el que sea efímero, el no saber cuanto durará, lo hace aún más valioso.
-Que no existe ese Dios que cuida y protege a cada ser humano porque hay guerras y hay muertes, porque cuando países enteros mueren de hambre nadie hace nada.
-Que nuestro dios es el dinero, a él adoramos y de él pensamos que está por encima de todas las cosas.
-Que ese dios del que me hablaron de pequeña solo existe dentro de mi, que la bondad es la mía, si la tengo, y el amor también, que la encargada de cuidarme y protegerme soy yo.
-Que el sexo es parte de mi naturaleza como ser humano y no tengo que renunciar a él, que es bello y gratificante, que me siento más plena cuando lo hago, más mujer, que me hace disfrutar y ser feliz.

Tuve que aprender:

-Que por encima de todo está el amor por mí misma, que ser egoísta es bueno porque cuanto mejor me siento más puedo dar a los demás.
-Que el mañana no existe y mi verdadera tarea en el mundo es ser feliz, hoy y ahora.
-Que relacionarse con los demás me aporta ideas nuevas que me nutren, que aprender de otras razas y de otras culturas hace que yo sea más flexible, más tolerante, mas abierta al mundo. Que no hay que temer a lo desconocido sólo por ser desconocido sino todo lo contrario, hacer que lo desconocido sea conocido.
-Que si busco todo lo bueno que hay dentro de mí y lo potencio serán mis armas para luchar.
-Que se sufre y se goza y de eso va la vida.
-Que tengo que reclamar mis derechos sin miedo, aprender a exigir.
-Que a veces decir no es necesario.
-A mí de pequeña no me enseñaron de qué va la vida.

¿Y a ti?

¿Qué te enseñaron a ti?


miércoles, 15 de febrero de 2012

En busca de la pareja ideal



Desde que despertamos al amor, lo hacemos buscando a esa persona ideal, la adecuada para mí, alguien con el que no tenga conflictos, que llene todas mis expectativas, aquel del que pueda vivir enamorado permanentemente.
Pero esa persona no existe, la he inventado yo. Cuando digo que busco a la persona ideal no me paro a pensar que ideal viene de idea. No puede existir nadie así, hecho a la carta para mí.
Y sin embargo pensamos que existe, que anda por ahí, en algún lugar y que tarde o temprano aparecerá, apostamos por la magia y decimos no debo perder la esperanza, pensar que no existe es negativo. Evidentemente que estos mensajes no los llevamos al extremo y aceptamos parte de los defectos del otro, faltaría más, pero seguimos pensando que hay alguien que está hecho para nosotros.
Un día alguien aparece y la magia se produce, la maravillosa magia del encuentro.
Ahora me encuentro contigo y proyecto todas mis expectativas en ti. Creo que me vas a llenar, dejo mi felicidad en tus manos. Tú  me vas a hacer feliz. Cuando dejo mi felicidad en tus manos me libero de toda la responsabilidad de hacerme feliz yo.
Surge el enamoramiento, y ahora no te veo tal y como eres, ahora solo estoy viendo lo que me agrada, potencio todo aquello que me gusta de ti y obvio lo que me disgusta, no quiero verlo, tú tampoco te muestras por completo solo me muestras lo mejor, yo hago lo mismo. Desplegamos nuestros encantos, nos vestimos de luces.
Con todas estas premisas nos lanzamos a la aventura del amor, ese amor que quiero que sea para siempre, el ideal. Pero pasa el tiempo, poco a poco te voy conociendo… lentamente mis ojos se abren, ahora te veo como eres realmente y tú también empiezas a verme a mí. Ahora ves mis carencias y yo las tuyas, a veces las mías y las tuyas se llevan bien, pero otras muchas tus carencias y las mías se repelen. Tú tienes tus heridas, yo las mías, si tu herida no toca la mía, está bien pero si la toca, si me duele, surge el conflicto. Un conflicto de algo que yo no tengo resuelto en mi vida, y surge cuando me encuentro contigo. Y entonces pienso lo más fácil, lo más cómodo, lo menos doloroso: "no es la persona adecuada".
Y sigo buscando, y encuentro a otra y me vuelvo a enamorar y surge de nuevo el conflicto que seguramente será el mismo que con la persona anterior, y pienso "que mala suerte tengo" que siempre elijo mal.
Podemos pasarnos  la vida buscando a esa pareja ideal, o por el contrario cuando surge el conflicto con nuestra pareja preguntarnos qué tenemos que resolver, que herida me está tocando. Podemos profundizar o no, esa será nuestra elección, evidentemente si esta situación no nos molesta ni entorpece nuestra vida, si somos felices y pensamos que en nosotros no existe ningún problema y que sólo se trata de la suerte de encontrar a esa pareja que es la adecuada para mí, si pensamos que el problema está fuera y no dentro de mí, entonces no lo haremos. Pero en cambio si profundizamos en que fallo yo, porque me duelen determinadas actitudes y que tengo que resolver,  entonces lejos de seguir buscando iré trabajando todo aquello que necesito resolver, no echaré al otro las culpas de mis carencias.
Si me doy cuenta que mi felicidad es solo responsabilidad mía, que nadie está en este mundo para llenar todas mis expectativas, si acepto que el conflicto es parte de las relaciones, cuando veamos eso y surja el encuentro amaremos de una manera más madura, más real. Acabará la búsqueda de la pareja ideal.
 Yo hago lo mío y tú haces lo tuyo.
No estoy en este mundo para llenar tus expectativas.
Y tú no estás en este mundo para llenar las mías.
Tú eres tú y yo soy yo.
Y si por casualidad nos encontramos es hermoso.
Si no, no puede remediarse.

Fritz Perls

lunes, 6 de febrero de 2012

Si alguien te dice que tienes que cambiar

Si alguien te dice que tienes que cambiar, no te  acepta. Si te dicen te quiero pero si quieres estar conmigo, tienes que cambiar te están pidiendo que dejes de ser quien eres.
Cuando el enamoramiento pasa, cuando la relación madura, cuando me siento aceptado por ti, es cuando realmente me  puedo mostrar tal y como soy, es cuando me abro. Es entonces cuando siento que  la otra persona me ama, a mí, al que realmente soy. Sé que me amas porque me aceptas, el amor pasa inevitablemente por la aceptación. Si me pides que cambie no me amas.
Cuando alguien te dice tienes que cambiar, el  problema no eres  tú .El problema lo tiene aquel  que no te acepta, el que no puede soportar tu forma de ser o de ver la vida. Puede que tú, efectivamente tengas aspectos que la otra persona  no tolere, entonces, ¿por qué permanece a tu lado? Si yo necesito que cambies, lo que tengo que hacer es alejarme, pedirte que cambies es manipularte. En realidad soy yo el que no me siento bien contigo tal y como eres, es mi necesidad, no la tuya.
Si tú quieres cambiar o no es solo decisión tuya, nadie puede decidir eso por ti, tú elegirás el momento y la forma.
El cambio es algo que se produce desde dentro, decidimos cambiar cuando nos sentimos infelices, cuando nos planteamos que estamos haciendo mal, cuando nos miramos por dentro y nos damos cuenta que algo no está funcionando. ¿Alguien acude al psicólogo cuando es muy feliz?
Si alguien te dice que tienes que cambiar y te explica todas esas cosas que no le agradan de ti, aquellas que quiere que cambies, simplemente te está diciendo que sus expectativas, no se cumplen.
Creo que muchos de nosotros hemos vivido esta situación, se nos ha pedido que cambiemos o hemos exigido al otro que cambie. Seamos honestos, si  sentimos la necesidad de que el otro debe de cambiar, alejémonos, asumamos que somos nosotros los que no aceptamos la forma de  ser del otro.
Y si alguien te pide que cambies porque no es feliz a tu lado,  y no se aleja.  Aléjate tú.

“Prefiero que te alejes de mí por ser como soy, a que permanezcas conmigo para cambiarme.”


jueves, 2 de febrero de 2012

La Intimidad


La relación es intimidad, abrirse al otro. La intimidad requiere ser vulnerables, nos convierte en vulnerables. Si me abro a ti, tú sabes que me puedes hacer daño, me expongo ante ti. Lo lógico es que aunque lo sepas, tú que me amas no lo hagas.
Pero a veces no ocurre así. Cuando el otro sin querer nos hiere, en vez de mostrar nuestra vulnerabilidad abiertamente, nos  defendernos con un ataque. Como fieras heridas atacamos  los puntos débiles del otro, allí donde sabemos que hacemos daño. Es algo que en un estado normal no haríamos y nos parecería poco más que miserable.
 Nuestro niño herido al que al que privaron de la aceptación salta, ataca, habla y culpa.
Existe otra opción: la de la honestidad, la de mostrar nuestro dolor y decir cómo, porque ‘y cuanto nos sentimos de heridos, como hemos interpretado nosotros a través del filtro de la emoción aquello que ha dicho o hecho nuestra pareja.
Probablemente entonces el otro se abrirá, se retirará de su esquina del ring y se acercará a nosotros y abrirá  también su corazón  y nos  contará  como se ha sentido él  para actuar así. Lo importante es que el ataque dejará paso al acercamiento, a dialogar  en un mismo idioma. El Es importante que el otro sienta nuestra honestidad y para eso debemos aceptar quelas emociones son nuestras, no culpabilizar al otro y no utilizar el victimismo sino estaríamos manipulando.
La manipulación es algo que utilizamos frecuentemente en nuestra vida para conseguir aquello que queremos. La manipulación es no ser honestos con la otra persona, es no decir la verdad. Aprendemos desde niños a que si lloramos, la mayoría de veces nos dan aquello que reclamamos y que de otra manera no nos daban, aprendemos a mentir para conseguir lo que queremos,  aprendemos a utilizar los sentimientos del otro en beneficio nuestro. El chantaje emocional.
La manipulación se usa mucho en nuestras relaciones de pareja porque nos ha funcionado durante mucho tiempo, a veces esta manipulación es tan inconsciente, tan mecánica que ni siquiera nosotros mismos  nos damos cuenta que lo hacemos. La manipulación es también no expresar  nuestros deseos de una manera abierta, si nos apetece compartir un rato con nuestra pareja  no lo decimos tal cual es,” me apetece estar contigo ahora  sino que  hacemos al otro sentirse culpable por marcharse y decimos “me dejas solo, nunca estamos juntos”. La manipulación es falsedad.
Observar nuestras manipulaciones voluntarias y  aprender a darnos cuenta de las involuntarias hará  que la relación sea mucha más autentica  y nosotros también.
Es increíble cuanto podemos crecer y aprender en nuestra relación de pareja. Qué oportunidad se nos brinda para conocernos mejor. Esto es porque como dije al principio cuando estamos en pareja nos abrimos, y en ese estado en el que pocas veces estamos con otra persona surge lo mejor y peor de nosotros, pero que bueno es…que salga…. Y darnos cuenta, y mejorarlo y una vez más crecer. La intimidad nos hace crecer.


Los Disfraces


Los Disfraces
Esos con los que vamos por el mundo, los que nos sirven para protegernos, para que no nos hagan daño, para cubrir las expectativas de los demás. Me lo pongo para que me quieran, para que no me rechacen, no me abandonen ni me critiquen.
Lo uso  para que no me veas, para que no sepas quien soy, porque si descubres quien soy  es posible que me abandones, porque yo creo que quien soy no te gustará, siento vergüenza y me escondo tras mi disfraz. Me pongo el disfraz cada día, así soy amable, generoso, y todo aquello que gusta a los demás. Estafo, miento.
Así que tú en realidad no sabes quién soy, te relacionas con alguien que no existe. Muchas veces el disfraz me lo pones tú. Me vistes tal y como a ti te gustaría que yo fuera, necesitas que sea así. Luego cuando te das cuenta que realmente no es tu disfraz el que luzco, te enfadas conmigo y me pides que cambie. Así que fíjate los que se relacionan no somos tu y yo en realidad, es tu disfraz y el mío los que andan relacionándose.
Y así andamos por el mundo  fingiendo ser quien no somos, y hablando y tratando con quienes no son, tapando con nuestro disfraz a nuestro verdadero ser.
Si algún día tuviéramos el valor de quitárnoslo, poco a poco como aquel caballero de la armadura oxidada nos asombraríamos al ver cuán maravillosos somos , seguramente gustaremos a menos personas, nos rechazaran más, pero cuando sin disfraz encontramos a las que nos quieren y  nos aceptan tal como somos, que sensación tan reconfortante la de sentirnos queridos sin disfraz.
 

sábado, 21 de enero de 2012

El principe azul


Si alguien te dice que todavía no ha llegado tu príncipe azul o tu media naranja o cosa parecida tu di que ni falta que te hace.
¿Porque las mujeres andamos medio bobas esperando siempre que  aparezca  un príncipe que  nos ame y nos salve de todo lo mundial? ¿Por qué buscamos y esperamos a que ese príncipe  nos proteja, nos cuide y de paso que nos solucione absolutamente todo  en la vida? ¿Porque somos incapaces de darnos cuenta que nosotras nos cuidamos solas (y al final al príncipe también) que somos capaces de andar por la vida y que sabemos cuidarnos y solucionarnos todo mejor que nadie?
Es curioso como aunque nos la demos de progres, de modernas,  y de liberadas, se nos sigue cayendo la baba con “Pretty Woman” y estupideces parecidas. Estas pelis llevan un claro mensaje nada subliminal, “algún día tu encontraras a tu Richard Gere y logrará  que todas las dependientas te hagan la pelota, te llevará a la opera en Italia y nunca más te faltara de nada”. Ahí es nada el mensajito.
¿Pero porque  nos creemos semejantes tonterías?
Desde pequeñas nos contaron cuentos de hadas, de princesas salvadas por el príncipe, de pobre huérfanas que se casan (de nuevo con el príncipe), de brujas malvadas que al final mueren pagando todo el mal que han hecho y  de niñas buenas que se casan otra vez con el príncipe. Y el príncipe es el salvador, encarna al hombre que todas necesitamos para que el cuento tenga un final feliz. Sin príncipe no hay final feliz. Y nosotras nos lo creímos, es natural, aquello que te cuentan tus padres suele ser religión y se cree a pies juntillas. Crecemos y descubrimos que son solo cuentos pero la enseñanza ya está dentro de nosotras, la semilla ha germinado.
Así que nos pasamos la vida buscando a ese príncipe, amable, protector, guapo etc. etc. etc.
Nos sentimos incompletas si no tenemos pareja y muchas de nosotras también infelices, como si nuestra felicidad dependiera de otra persona y no de nosotras mismas. Idealizamos al amor.
Muchas veces sacrificamos nuestra propia autoestima, permitimos demasiadas cosas  por miedo a perder ese amor, solo  para que el cuento tenga un final feliz. Nos convertimos a nosotras mismas en princesas y no en reinas.
 Seamos reinas. Reinas de nosotras mismas, del reino de la autosuficiencia, de la autoestima, de la autodependencia.  Aprendamos a vivir para ser felices sin condiciones. Luego si el amor aparece bienvenido sea.

Decir no

Si alguien te dice que “no” a una petición, no te lo tomes a mal. Concédele el derecho a decir no.
Todos en el ejercicio de nuestra libertad tenemos derecho a decidir si decimos si o por el contrario decimos no cuando se nos solicita algo. Sin embargo normalmente el “no” se toma como una afrenta a nuestra persona, una traición si viene de una amigo al que le pedimos un favor, una traición a la amistad. No se pueden poner clausulas a la amistad. La otra persona puede tener motivos para decirnos no, y no tiene el porqué darnos todo tipo de explicaciones, simplemente ejerce su derecho a decir no. Deberíamos respetar eso y asumir que no siempre nuestras expectativas se cumplen.En realidad si esperamos el "si" la petición se convierte en exigencia y no en petición que es cuando se concede a   a la otra persona la libertad de elegir.
Saber aceptar un no es sinónimo de inteligencia emocional, de respeto a la libertad ajena, y de capacidad de frustración. Es un ejercicio de flexibilidad mental.
Cuando oímos el no solemos enfadarnos con la otra persona, a pesar de que ella no ha pedido nada, hemos sido nosotros los que la hemos puesto en una situación seguramente difícil si nos ha tenido que negar algo, porque no nos engañemos decir no es mucho más difícil que decir sí. Hay muchas personas que tienen grandes dificultades para decir no, hasta el punto de ser capaces de ir en contra de sus propios intereses por no atreverse a negar algo. Se  tiene miedo a quedar mal, a que dejen de apreciarte o quererte, a la discusión y el enfado, volvemos a  la necesidad de aprobación de los demás. Si los demás no aprueban nuestra conducta tendemos a sentirnos mal por mucho que creamos que lo que hacemos o creemos es justo y está bien según nuestro propio criterio que al fin y al cabo es lo que nos importa No se puede ir por la vida diciendo siempre sí. Exigir y reivindicar nuestros derechos diciendo no a cualquier petición que signifique abusar de ellos es un ejercicio de salud mental. No necesitar la aprobación externa si ello pasa por el prejuicio de nuestros derechos e intereses es un signo de amor a nosotros mismos, de respeto a nuestra persona.
Decir no es sano, aceptar un no también.

viernes, 20 de enero de 2012

La crisis

Si alguien te dice que la crisis no es culpa tuya ni mía, ni del vecino de enfrente, no te lo creas.
Es cierto que los poderes económicos han sido los principales responsables, que apoyados por un sistema   que no les puso  límites   crearon un clima de consumo, de crecimiento  económico que parecía imparable y nosotros caímos en la trampa de creer que ese crecimiento, esa bonanza no iba a tener fin.  Pero ¿porqué creímos algo que visto ahora desde fuera no tiene sentido? El crecimiento tenía que frenarse ¿acaso nosotros no veíamos miles de casas vacías y se seguía construyendo? ¿Acaso no sabíamos que se producía sin parar y era imposible consumir todo aquello si el crecimiento demográfico no crecía tan deprisa? ¿Qué nos hizo creernos lo que nos vendieron? ¿Porque llegamos a pensar que el futuro sería siempre positivo y nos hipotecamos en  base a algo irreal a algo que no era seguro como es  el mañana?
Ellos, los especuladores, nos vendieron eso porque contaban  con el funcionamiento de la mente humana, la avaricia, el querer tener más, el comprar por comprar aquello que ni siquiera nos hacía falta, y la clase media, aquel que tenía algo de dinero también invirtió, se empeño en una hipoteca que no podía pagar para venderla a los seis meses y dar el pelotazo de su vida. Nos convertimos en especuladores y  ultraconsumistas. Por supuesto salvo aquí a la clase social que nada tenía y nada tiene.
Así que tal y como estamos ahora podemos hacer dos cosas, seguir quejándonos, echar la responsabilidad fuera, o asumir la nuestra intentando reflexionar acerca de porque fuimos tan estúpidos de creer aquello que al sistema económico le interesaba que creyéramos.
Si seguimos echando la responsabilidad fuera de nosotros de alguna manera les seguimos dando el poder. Estamos admitiendo que nada podemos hacer, que cada vez que ellos quieran volveremos a creer lo que nos vendan...
Si aprendemos a pensar por nosotros mismos y actuamos según nuestras creencias y solo las nuestras, si ponemos en tela de juicio aquello que nos dicen  les estamos quitando poder.  No volveremos a comprar aquello que les interesa vendernos, y si nosotros no compramos ellos no pueden vender: el poder es nuestro. Debemos a aprender a no dejarnos manipular.                                                                                                              
Admito que nos cuesta aprender, varias crisis anteriores lo demuestran y seguimos creyendo lo que nos dicen, comprando todo lo que nos venden. Pero no por eso debemos rendirnos, debemos aprender de esto y empujar para que el poder de los dueños del capital  sea cada vez menor, forzar a que cambien las leyes que les otorgan tanto poder. Pero eso pasa por la mentalizarnos de que sí es posible, no fácil, pero posible. Pasa por la concienciación de que si todos andamos unidos, de que si nos movemos, tal vez no mañana pero  sí algún día todo esto puede cambiar.

Fuerte o débil

Si alguien te dice que eres fuerte, o débil, o cualquier otra cosa, si desde niño te vendieron un papel en esta película que es la vida… No te lo creas.
Seguramente ese papel te funcionará porque desde pequeño aprendiste que siendo aquello que te dijeron tu sentías que te querían y te aceptaban, veías sonrisas y hasta a veces aplausos, pero si sigues representando ese papel, ese que tú no escogiste para ti corres el riesgo de pasarte la vida sin ser tu mismo solo con el afán de que te quieran, de sentirte aceptado.
Tal vez a ti, como a mí, te dijeron que eras fuerte, que podías con todo y ahora te pasas la vida escondiendo tus debilidades y seguramente avergonzándote de ellas. Es probable que cuando tengas miedos, o dolor, cuando llores y te sientas débil asocies la debilidad a algo de lo que hay que avergonzarse porque te creíste tanto tu papel que ni siquiera  admites tu parte débil, tu parte humana.  Entonces cuando la vida te de un golpe emocional te darás cuenta de que perdiste tanto el contacto con tus emociones que no sabrás ni por dónde empezar.
O si te dijeron que eras débil y tú te lo creíste tanto que sigues todavía con ese papel sin darte cuenta de la fuerza que tienes dentro, sin potenciar tus virtudes, tus cualidades porque te tragaste que no tienes la suficiente fortaleza ni las suficientes cualidades, te estás perdiendo a ti mismo. Te estás perdiendo el riesgo de la vida, el riesgo de aprender, la alegría de de confiar en ti.
Te pueden haber vendido cualquier papel : el simpático ,que siempre triunfa en las reuniones y que se encarga siempre de alegrarle la vida a los demás cuando seguramente nadie acudirá a alegrar la suya en momentos bajos simplemente porque eso no “encaja” en su papel. La mayoría de gente no sabe nunca que hacer cuando alguien se sale del guión.
Y deberíamos salirnos del guión que nos han elegido y ser capaces de elegir el nuestro: aquel que corresponde a como somos realmente. Deberíamos buscar dentro de nosotros para encontrar exactamente como somos y mostrarnos sin miedo a que no nos acepten, a que no nos quieran si enseñamos a los demás la verdad, la verdad de ser nosotros mismos, porque si no lo hacemos, si tardamos demasiado se nos pegara tanto a la piel el papel que nos asignaron que será cada vez más difícil hallar el nuestro propio.
Y yo pienso que es muy triste agotar la vida siendo otro.

Si te dicen ya no te amo

Si alguien a quien amas te dice “Ya no te amo”. Huye, corre tan deprisa como puedas    y sal de esa relación.
Si te amó, y hoy te dice ya no, no sé qué pasó,  no luches por recuperar lo perdido porque en esa lucha es tanto lo que vas a arriesgar que ninguna relación, ninguna persona sobre la faz de la tierra merece algo tan valioso como el riesgo de perder el amor hacia ti mismo. Ese amor  se irá agotando en cada intento, en cada batalla, por recuperar algo que simplemente no tienes que recuperar. El amor se da o no se da.
Si decides luchar, algo se te quedará grabado a fuego, algo de lo que no podrás deshacerte jamás: la mirada del desamor, esa mirada de la otra persona esforzándose por  querer quererte .Es una mirada de  impotencia que contiene muchas cosas, muchos miedos,  todo, menos amor, admiración o respeto. La mirada del desamor se te clava en el alma y la llevarás siempre  contigo, jamás la olvidarás porque cuanto te miran así, tú sientes desprecio hacia ti mismo.
Si alguien te dice ya no te amo, no te preguntes que hiciste mal, donde fallaste, que deberías haber hecho y no hiciste o que hiciste que no debiste hacer, porque no va de eso. Seguramente no hiciste nada para que esa persona te dejara de amar. El amor es de cada uno, y simplemente consciente o inconscientemente uno decide dejar de amar a esa persona, así de simple. Las razones solo las sabe él o ella y a veces ni eso, a veces ni siquiera la otra persona te podría decir porqué. Tal vez con el paso del tiempo y si entra en la autor reflexión consiga averiguar que pasó. Así que ya ves, la historia es suya. Si  tu entras en la lucha de averiguar qué hiciste mal, te estarás culpando de una decisión que nada tiene que ver contigo, entraras en la autodestrucción, irás sintiéndote cada día mas y mas miserable, menos merecedora de amor hasta que un día llegaras a pensar que vales tan poco que es lógico que no te amen y que probablemente nadie nunca más te amará. Y no quiero decir que tu no hayas hecho cosas mal, seguramente si, y él o ella pero no por eso dejaste de amarlo.
Por eso cuando alguien te diga ya no te amo, y aunque te diga quiero amarte y vamos a intentarlo, no caigas en la generosidad de perder lo más valioso que tienes: tu; para que esa otra persona   salve una situación cómoda o simplemente tenga miedo a la soledad.
Tú también tendrás miedo... pánico tal vez, pero cierra la puerta y vete.
Llora, llora mucho y así el dolor saldrá de ti. Llora el dolor pero no entres en el sufrimiento. El dolor es lógico, es sano, el sufrimiento no. Si lloras, llora por ti, por ese amor que se fue, guárdale luto, vive el duelo, pero no llores por lo que pudo haber sido y no fue porque entonces entrarás en el sufrimiento, y el sufrimiento es estéril, no sirve para nada. Lo que pudo haber sido y no fue no existe.
Acógete con amor, con compasión, como si de un niño pequeño se tratara…. Pero no luches porque te vuelvan a querer, el amor no se mendiga, sino te lo dan    no lo pidas... no lo supliques.
Si alguien te dice ya no te amo, simplemente da las gracias por lo que te amó, por los buenos momentos que pasasteis juntos, da la vuelta   llevándote contigo tu dignidad, tu respeto hacia ti mismo , tu autoestima y di adiós.