sábado, 21 de enero de 2012

El principe azul


Si alguien te dice que todavía no ha llegado tu príncipe azul o tu media naranja o cosa parecida tu di que ni falta que te hace.
¿Porque las mujeres andamos medio bobas esperando siempre que  aparezca  un príncipe que  nos ame y nos salve de todo lo mundial? ¿Por qué buscamos y esperamos a que ese príncipe  nos proteja, nos cuide y de paso que nos solucione absolutamente todo  en la vida? ¿Porque somos incapaces de darnos cuenta que nosotras nos cuidamos solas (y al final al príncipe también) que somos capaces de andar por la vida y que sabemos cuidarnos y solucionarnos todo mejor que nadie?
Es curioso como aunque nos la demos de progres, de modernas,  y de liberadas, se nos sigue cayendo la baba con “Pretty Woman” y estupideces parecidas. Estas pelis llevan un claro mensaje nada subliminal, “algún día tu encontraras a tu Richard Gere y logrará  que todas las dependientas te hagan la pelota, te llevará a la opera en Italia y nunca más te faltara de nada”. Ahí es nada el mensajito.
¿Pero porque  nos creemos semejantes tonterías?
Desde pequeñas nos contaron cuentos de hadas, de princesas salvadas por el príncipe, de pobre huérfanas que se casan (de nuevo con el príncipe), de brujas malvadas que al final mueren pagando todo el mal que han hecho y  de niñas buenas que se casan otra vez con el príncipe. Y el príncipe es el salvador, encarna al hombre que todas necesitamos para que el cuento tenga un final feliz. Sin príncipe no hay final feliz. Y nosotras nos lo creímos, es natural, aquello que te cuentan tus padres suele ser religión y se cree a pies juntillas. Crecemos y descubrimos que son solo cuentos pero la enseñanza ya está dentro de nosotras, la semilla ha germinado.
Así que nos pasamos la vida buscando a ese príncipe, amable, protector, guapo etc. etc. etc.
Nos sentimos incompletas si no tenemos pareja y muchas de nosotras también infelices, como si nuestra felicidad dependiera de otra persona y no de nosotras mismas. Idealizamos al amor.
Muchas veces sacrificamos nuestra propia autoestima, permitimos demasiadas cosas  por miedo a perder ese amor, solo  para que el cuento tenga un final feliz. Nos convertimos a nosotras mismas en princesas y no en reinas.
 Seamos reinas. Reinas de nosotras mismas, del reino de la autosuficiencia, de la autoestima, de la autodependencia.  Aprendamos a vivir para ser felices sin condiciones. Luego si el amor aparece bienvenido sea.

Decir no

Si alguien te dice que “no” a una petición, no te lo tomes a mal. Concédele el derecho a decir no.
Todos en el ejercicio de nuestra libertad tenemos derecho a decidir si decimos si o por el contrario decimos no cuando se nos solicita algo. Sin embargo normalmente el “no” se toma como una afrenta a nuestra persona, una traición si viene de una amigo al que le pedimos un favor, una traición a la amistad. No se pueden poner clausulas a la amistad. La otra persona puede tener motivos para decirnos no, y no tiene el porqué darnos todo tipo de explicaciones, simplemente ejerce su derecho a decir no. Deberíamos respetar eso y asumir que no siempre nuestras expectativas se cumplen.En realidad si esperamos el "si" la petición se convierte en exigencia y no en petición que es cuando se concede a   a la otra persona la libertad de elegir.
Saber aceptar un no es sinónimo de inteligencia emocional, de respeto a la libertad ajena, y de capacidad de frustración. Es un ejercicio de flexibilidad mental.
Cuando oímos el no solemos enfadarnos con la otra persona, a pesar de que ella no ha pedido nada, hemos sido nosotros los que la hemos puesto en una situación seguramente difícil si nos ha tenido que negar algo, porque no nos engañemos decir no es mucho más difícil que decir sí. Hay muchas personas que tienen grandes dificultades para decir no, hasta el punto de ser capaces de ir en contra de sus propios intereses por no atreverse a negar algo. Se  tiene miedo a quedar mal, a que dejen de apreciarte o quererte, a la discusión y el enfado, volvemos a  la necesidad de aprobación de los demás. Si los demás no aprueban nuestra conducta tendemos a sentirnos mal por mucho que creamos que lo que hacemos o creemos es justo y está bien según nuestro propio criterio que al fin y al cabo es lo que nos importa No se puede ir por la vida diciendo siempre sí. Exigir y reivindicar nuestros derechos diciendo no a cualquier petición que signifique abusar de ellos es un ejercicio de salud mental. No necesitar la aprobación externa si ello pasa por el prejuicio de nuestros derechos e intereses es un signo de amor a nosotros mismos, de respeto a nuestra persona.
Decir no es sano, aceptar un no también.

viernes, 20 de enero de 2012

La crisis

Si alguien te dice que la crisis no es culpa tuya ni mía, ni del vecino de enfrente, no te lo creas.
Es cierto que los poderes económicos han sido los principales responsables, que apoyados por un sistema   que no les puso  límites   crearon un clima de consumo, de crecimiento  económico que parecía imparable y nosotros caímos en la trampa de creer que ese crecimiento, esa bonanza no iba a tener fin.  Pero ¿porqué creímos algo que visto ahora desde fuera no tiene sentido? El crecimiento tenía que frenarse ¿acaso nosotros no veíamos miles de casas vacías y se seguía construyendo? ¿Acaso no sabíamos que se producía sin parar y era imposible consumir todo aquello si el crecimiento demográfico no crecía tan deprisa? ¿Qué nos hizo creernos lo que nos vendieron? ¿Porque llegamos a pensar que el futuro sería siempre positivo y nos hipotecamos en  base a algo irreal a algo que no era seguro como es  el mañana?
Ellos, los especuladores, nos vendieron eso porque contaban  con el funcionamiento de la mente humana, la avaricia, el querer tener más, el comprar por comprar aquello que ni siquiera nos hacía falta, y la clase media, aquel que tenía algo de dinero también invirtió, se empeño en una hipoteca que no podía pagar para venderla a los seis meses y dar el pelotazo de su vida. Nos convertimos en especuladores y  ultraconsumistas. Por supuesto salvo aquí a la clase social que nada tenía y nada tiene.
Así que tal y como estamos ahora podemos hacer dos cosas, seguir quejándonos, echar la responsabilidad fuera, o asumir la nuestra intentando reflexionar acerca de porque fuimos tan estúpidos de creer aquello que al sistema económico le interesaba que creyéramos.
Si seguimos echando la responsabilidad fuera de nosotros de alguna manera les seguimos dando el poder. Estamos admitiendo que nada podemos hacer, que cada vez que ellos quieran volveremos a creer lo que nos vendan...
Si aprendemos a pensar por nosotros mismos y actuamos según nuestras creencias y solo las nuestras, si ponemos en tela de juicio aquello que nos dicen  les estamos quitando poder.  No volveremos a comprar aquello que les interesa vendernos, y si nosotros no compramos ellos no pueden vender: el poder es nuestro. Debemos a aprender a no dejarnos manipular.                                                                                                              
Admito que nos cuesta aprender, varias crisis anteriores lo demuestran y seguimos creyendo lo que nos dicen, comprando todo lo que nos venden. Pero no por eso debemos rendirnos, debemos aprender de esto y empujar para que el poder de los dueños del capital  sea cada vez menor, forzar a que cambien las leyes que les otorgan tanto poder. Pero eso pasa por la mentalizarnos de que sí es posible, no fácil, pero posible. Pasa por la concienciación de que si todos andamos unidos, de que si nos movemos, tal vez no mañana pero  sí algún día todo esto puede cambiar.

Fuerte o débil

Si alguien te dice que eres fuerte, o débil, o cualquier otra cosa, si desde niño te vendieron un papel en esta película que es la vida… No te lo creas.
Seguramente ese papel te funcionará porque desde pequeño aprendiste que siendo aquello que te dijeron tu sentías que te querían y te aceptaban, veías sonrisas y hasta a veces aplausos, pero si sigues representando ese papel, ese que tú no escogiste para ti corres el riesgo de pasarte la vida sin ser tu mismo solo con el afán de que te quieran, de sentirte aceptado.
Tal vez a ti, como a mí, te dijeron que eras fuerte, que podías con todo y ahora te pasas la vida escondiendo tus debilidades y seguramente avergonzándote de ellas. Es probable que cuando tengas miedos, o dolor, cuando llores y te sientas débil asocies la debilidad a algo de lo que hay que avergonzarse porque te creíste tanto tu papel que ni siquiera  admites tu parte débil, tu parte humana.  Entonces cuando la vida te de un golpe emocional te darás cuenta de que perdiste tanto el contacto con tus emociones que no sabrás ni por dónde empezar.
O si te dijeron que eras débil y tú te lo creíste tanto que sigues todavía con ese papel sin darte cuenta de la fuerza que tienes dentro, sin potenciar tus virtudes, tus cualidades porque te tragaste que no tienes la suficiente fortaleza ni las suficientes cualidades, te estás perdiendo a ti mismo. Te estás perdiendo el riesgo de la vida, el riesgo de aprender, la alegría de de confiar en ti.
Te pueden haber vendido cualquier papel : el simpático ,que siempre triunfa en las reuniones y que se encarga siempre de alegrarle la vida a los demás cuando seguramente nadie acudirá a alegrar la suya en momentos bajos simplemente porque eso no “encaja” en su papel. La mayoría de gente no sabe nunca que hacer cuando alguien se sale del guión.
Y deberíamos salirnos del guión que nos han elegido y ser capaces de elegir el nuestro: aquel que corresponde a como somos realmente. Deberíamos buscar dentro de nosotros para encontrar exactamente como somos y mostrarnos sin miedo a que no nos acepten, a que no nos quieran si enseñamos a los demás la verdad, la verdad de ser nosotros mismos, porque si no lo hacemos, si tardamos demasiado se nos pegara tanto a la piel el papel que nos asignaron que será cada vez más difícil hallar el nuestro propio.
Y yo pienso que es muy triste agotar la vida siendo otro.

Si te dicen ya no te amo

Si alguien a quien amas te dice “Ya no te amo”. Huye, corre tan deprisa como puedas    y sal de esa relación.
Si te amó, y hoy te dice ya no, no sé qué pasó,  no luches por recuperar lo perdido porque en esa lucha es tanto lo que vas a arriesgar que ninguna relación, ninguna persona sobre la faz de la tierra merece algo tan valioso como el riesgo de perder el amor hacia ti mismo. Ese amor  se irá agotando en cada intento, en cada batalla, por recuperar algo que simplemente no tienes que recuperar. El amor se da o no se da.
Si decides luchar, algo se te quedará grabado a fuego, algo de lo que no podrás deshacerte jamás: la mirada del desamor, esa mirada de la otra persona esforzándose por  querer quererte .Es una mirada de  impotencia que contiene muchas cosas, muchos miedos,  todo, menos amor, admiración o respeto. La mirada del desamor se te clava en el alma y la llevarás siempre  contigo, jamás la olvidarás porque cuanto te miran así, tú sientes desprecio hacia ti mismo.
Si alguien te dice ya no te amo, no te preguntes que hiciste mal, donde fallaste, que deberías haber hecho y no hiciste o que hiciste que no debiste hacer, porque no va de eso. Seguramente no hiciste nada para que esa persona te dejara de amar. El amor es de cada uno, y simplemente consciente o inconscientemente uno decide dejar de amar a esa persona, así de simple. Las razones solo las sabe él o ella y a veces ni eso, a veces ni siquiera la otra persona te podría decir porqué. Tal vez con el paso del tiempo y si entra en la autor reflexión consiga averiguar que pasó. Así que ya ves, la historia es suya. Si  tu entras en la lucha de averiguar qué hiciste mal, te estarás culpando de una decisión que nada tiene que ver contigo, entraras en la autodestrucción, irás sintiéndote cada día mas y mas miserable, menos merecedora de amor hasta que un día llegaras a pensar que vales tan poco que es lógico que no te amen y que probablemente nadie nunca más te amará. Y no quiero decir que tu no hayas hecho cosas mal, seguramente si, y él o ella pero no por eso dejaste de amarlo.
Por eso cuando alguien te diga ya no te amo, y aunque te diga quiero amarte y vamos a intentarlo, no caigas en la generosidad de perder lo más valioso que tienes: tu; para que esa otra persona   salve una situación cómoda o simplemente tenga miedo a la soledad.
Tú también tendrás miedo... pánico tal vez, pero cierra la puerta y vete.
Llora, llora mucho y así el dolor saldrá de ti. Llora el dolor pero no entres en el sufrimiento. El dolor es lógico, es sano, el sufrimiento no. Si lloras, llora por ti, por ese amor que se fue, guárdale luto, vive el duelo, pero no llores por lo que pudo haber sido y no fue porque entonces entrarás en el sufrimiento, y el sufrimiento es estéril, no sirve para nada. Lo que pudo haber sido y no fue no existe.
Acógete con amor, con compasión, como si de un niño pequeño se tratara…. Pero no luches porque te vuelvan a querer, el amor no se mendiga, sino te lo dan    no lo pidas... no lo supliques.
Si alguien te dice ya no te amo, simplemente da las gracias por lo que te amó, por los buenos momentos que pasasteis juntos, da la vuelta   llevándote contigo tu dignidad, tu respeto hacia ti mismo , tu autoestima y di adiós.